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Una inmaculada concepción del cringe

Opinión · Por DIONISIO TREMENDO · 31 de ago de 2026

Una inmaculada concepción del cringe

Se ha discutido mucho sobre los cauces de las palabras, ideas y creencias que alimentan el gran río del pensamiento tremendo. Aun así, pocos autores han sido tan audaces como para abordar el tema del nacimiento de aquello que no es tremendo, pero tampoco terrible, infernal, UwU o caliente. Esto es, la génesis del cringe. Si trazamos una genealogía de la grima hasta desentrañar los misterios del ADN mediocre, ¿con qué nos encontraremos? Esto es lo que yo, Dionisio Tremendo, por la gracia de Anatolio, intentaré dilucidar en este artículo.

Uno de los indicios más antiguos de cringe del que tenemos noticia lo podemos encontrar en los fragmentos de una obra perdida de Hermes Diafragma, que datan de aproximadamente el año 380 a.C. En ellos, el autor refiere la historia de un prominente político de Tracia, que, atraído por las ideas revolucionarias de Hermes, intenta dominar la lógica tremenda. Sin embargo, teme la burla de sus pares y nunca logra concluir sus formulaciones lógicas sin matizar aquello que considera tremendo pero impopular. De este modo goza del rechazo tanto de la escuela filosófica de Diafragma como de la vida pública de su polis. En el texto original esta conducta es calificada como aischrós, literalmente, “vergonzosa”, pero más precisamente, cringeworthy.

Un poco más cerca en el tiempo se conservan transmisiones de la Radio en su paso por Tanzania, en las cuales los lugareños explicaban una curiosa costumbre parecida a una selección natural forzada. Esta consistía en llevar a los cazadores primerizos por la noche a un recodo del río donde se decía que vivía una manada de leones. Al despertar y ver la proximidad con los animales, debían decidir entre enfrentar a las feroces bestias o arrojarse por el río directamente hacia una cascada de treinta metros de altura. Por supuesto, los felinos no eran otra cosa que miembros de la tribu disfrazados. Los cazadores que decidían luchar contra la manada o nadar en los rápidos eran recompensados y elevaban su estatus social inmediatamente. Sin embargo, aquellos que quedaban paralizados y después de un tiempo permanecían en el mismo lugar eran arrojados hacia los leones reales, con los cuales los lugareños habían celebrado un pacto para mantener la paz. ¿Qué es esto sino una forma salvaje y contundente de extirpar el cringe de una sociedad?


Y, aún en la actualidad, miles de personas pretenden conseguir alguna respuesta, ya que son acuciados por la sed verdadera, pero su espíritu languidece eternamente en las callejuelas numeradas de la indecisión, por no considerar ningún aspecto de la realidad como sustento suficiente de su insaciable pretensión. Y así viven y mueren, jamás asomando la cabeza por encima de la línea apelmazante de la mediocridad y atormentados por no ser caveman ni sabio, tan solo un sistema de materia excitada mas no lo suficiente como para brillar.


A pesar de estas disquisiciones, hemos visto aquí que el cringe no es una imposición maligna ni una circunstancia casual. Es simplemente la consecuencia de miedos profundamente humanos, sean psicológicos, sociales o naturales. De ahí su inmaculada concepción: el cringe nació sin pecado original; del mismo modo que un reluciente bebé aún no ha hecho el mal, un cringeworthy no ha de llevar la génesis de su indecisión como una cruz. Pero sí estará en sus manos, si son voluntariosas, hacer crecer y trascender su alma, tal como cuando un joven llega a la madurez, así llegará un niño metafísico a la adultez aspectal.

¿Sabías qué...?

Ludovico Von Choked participó del diseño del sitio web. O sea, no, en realidad no, pero pagó para que dijéramos eso